Cariño, esta noche estoy acompañada de otro vaso de nuestro
amargo futuro inexistente y un libro en blanco en el que está escrita nuestra
historia. Las frías sábanas que nunca han olido a ti me envuelven mientras
desearía no imaginar cómo te envolvería yo cada vez que el sol desapareciese.
Que mi olor quedara permanente en tu piel para que nunca más pudieras echarme
de menos es algo que, convencida, es un deseo que te acompaña a ti en tus
noches de soledad. Cuando dices que me echas de menos y sigo aquí, se acelera
el corazón que ha dejado de latir y explícame cómo has hecho que me vuelva
cuerda y se me quiten las ganas de quererte con locura cada vez que miras hacia
atrás y no estoy yo. Yo te doy la mano las veces que quieras, pero no me tires
al suelo si no quieres que duerma contigo, porque no habrá quien nos levante
sin destrozarnos. Y si algún día cayera contigo, entre lágrimas de felicidad,
sé que te miraría soñando que me miras, o sueño que te puedo mirar, la razón se
fue junto a tus ganas de quererme esta noche, en la que me enamoras con la
soledad que me brindas.